viernes, 26 de diciembre de 2014

Extra Extra....THE RUSSIAN GIRL STRIKES AGAIN!



Hace unos años me decidí a abrir este blog porque creí que tenía muchas cosas que decir. Me apetecía poder hablar de temas que me llamaban la atención y de experiencias vividas a través de esta ventana virtual, muy a pesar de ser conocedora del hecho de que existen más blogs en internet que personas que los leen. Tampoco es que tuviera intenciones excesivamente pretenciosas en cuanto al alcance de mi blog, pues tan sólo quería poder contar a amigos y conocidos -y al mismo tiempo- mi forma de ver las cosas.

Pasaron los meses y entonces me di cuenta de que no tenía nada que decir, es más, parecía estar más cómoda escuchando lo que los demás contaban en sus propios blogs o espacios virtuales, ya fueran comunidades de mamás, espacios de arquitectura y diseño, centrales emisoras de consejos prácticos u otras experiencias personales. ¿Cómo dar una opinión fundamentada sobre un espacio arquitectónico si no llevo ni una década dedicándome a la arquitectura? ¿Cómo ofrecer mi experiencia al resto de las mamás si soy nueva en esto? ¿Cómo dar mi consejo sobre cómo rentabilizar el tiempo si a duras penas consigo organizame yo misma?

En mi posición de lectora, creo que he aprendido mucho de los demás (y aún sigo haciéndolo, que conste). A este aprendizaje se han unido importantes cambios en mi vida como el nacimiento de mi hija y todas las sensaciones que he experimentado durante la gestación y los primeros meses de su vida y que me han hecho replantearme determinadas cuestiones que daba por dogmáticas. Ahora creo que estaba equivocada sobre muchas de ellas y en especial, sobre las personas.

A punto de empezar el 2015 he decidido volver a dar vida este espacio virtual, cuyo nombre ya resuena caduco en su contexto político: "cuaderno de bitácora de una chica rusa en el país de las rosas y las gaviotas", ya que incluso nuestro panorama nacional se ha visto sacudido por la irrupción de una nueva fuerza política de color morado y cuyo logo siempre me recuerda al boceto de una especie de eclipse desdibujado.

Ha llegado el momento de volver.

No es que ahora me considere ningún tipo de fuente del conocimiento absoluto pero parece que vuelvo a sentir ganas de compartir virtualmente mi punto de vista sobre determinados acontecimientos, espacios y personas.

Por ello, y si aún seguís ahí, sería un auténtico placer que si tenéis un ratito alguna vez podáis dedicárselo a esta chica rusa que a día de hoy sigue sorprendiéndose y aprendiendo de lo que pasa a su alrededor.

 ¡Sed re-bienvenidos!

domingo, 11 de mayo de 2014

Eurovisión 2014: Cultura y Política inseparables

¿Es posible separar la política de la cultura? Los últimos acontecimientos eurovisivos demuestran que la línea existente entre ambas disciplinas, en teoría invisible pero infranqueable, puede ser en ocasiones demasiado frágil y por tanto, desaparecer.

Ayer, acudí a mi cita anual ineludible con el televisor y el programa de Eurovisión. No es que yo sea muy  “Eurofan” pero siempre me produce cierta curiosidad conocer las canciones con las que concursan los países del resto de Europa y los espectáculos que se preparan con el único objetivo de impactar en una audiencia que ronda los cien millones de espectadores. Por lo demás, el de ayer parecía un programa eurovisivo más, es decir, vestimentas coloridas y curiosas, semi-diosas ajustadas de cabellos largos y maquillajes porcelánicos, solistas ataviados con trajes decimonónicos, grupos musicales divertidos y saltarines y países vecinos que se votan entre ellos. A este respecto, me veo en la obligación de subrayar la importancia de ser un país que cuente con muchos vecinos como las pequeñas naciones del Este de Europa, que ya se sabe que si sólo tienes un par de vecinos, como es nuestro caso y encima uno de ellos no te vota olvidándose de aquello de que “el roce hace el cariño”, la cosa no tiene ninguna pinta de acabar en podio. Y esto, muy a pesar del hecho de que próximamente legiones de españoles se desplazarán al vecino país luso para ser testigos de un partido de fútbol entre equipos patrios y que estos mismos visitantes –no votados en Eurovisión por los portugueses- se dejarán seguramente cantidades considerables de dinero en alojamiento y dietas varias allí.



En fin, al finalizar la gala eurovisiva con la reñida victoria de Conchita Wurst sobre los armenios y, debo admitir, una de mis canciones favoritas del festival, la balada country holandesa interpretada por una dulce pareja que parecía proceder de los años 60, se emitió un programa especial de Eurovisión en plan: “¿Qué nos ha pasado?”, “¿Por qué seguimos sin ganar?”, “nuestra actuación ha sido espectacular”, “el puesto diez es un puesto sensacional”…. En dicho programa, la presentadora solicitó a los presentes/comentaristas un titular del festival que acababa de terminar. Me sorprendió que todos ellos hicieran alusión a la calidad de las canciones o a la imagen transgresora de la ganadora: una figura femenina embutida en un vestido dorado con corte sirena -maquillaje, gloss y pendientes incluidos- a conjunto con una prominente barba oscura masculina de varios días -la tal Conchita Wurst-.

Ninguno de ellos, sin embargo, hizo mención alguna a lo que para mí fue una de las cosas más impactantes del festival: los sonoros abucheos que recibió la portavoz del jurado que emitía el voto ruso desde Moscú o los pitidos a los portavoces de cada país que otorgaba puntos a las gemelas que representaban a Rusia. ¡Pobres representantes rusas! Ellas intentando defender una preciosa balada con la dificultad añadida de desenredar sus largos cabellos, anudados a conciencia al inicio de la canción, e intentando no caerse de un balancín traicionero capitaneado por dos barras cilíndricas de metacrilato –preciosas, por cierto-, y los espectadores más interesados por hacerle saber a Putin y al Kremlin que no aprueban su actuación en el conflicto de Ucrania. Claro, así no se puede ganar un festival europeo de la canción  de ninguna forma.



Y es que, como quedó demostrado ayer, la cultura, el arte y los premios, que a menudo se jactan de ser independientes de cualquier conflicto político, no pueden evitar verse contaminados por las largas manos de la política, codiciosas y complejas, y, en cualquier caso, omnipresentes.

De nada le sirvió a Rusia tener muchos vecinos y que le debieran favores algunos países continentales porque, como quedó demostrado ayer, si primero te encargas de cabrear a millones de europeos, es muy difícil que reunidos en un estadio o sentados frente a su televisor, se olviden del enfado por una noche y te voten. Y esto, muy a pesar de que te representen dos angelicales gemelas que, desde luego, lo hicieron lo mejor posible y defendieron una bonita canción que, sin embargo, no pudo verse libre de las consecuencias de las actuaciones políticas de su país de procedencia.

lunes, 17 de febrero de 2014

...Y el diente se coló por el lavabo!

En ocasiones, me doy cuenta de lo afortunada que soy por tratar con niños ya que, asentada en la edad adulta, muchas veces una olvida la inocencia y la fantasía que se desprende de la imaginación de un niño. Por eso, cuando me convierto en parte inesperada de una escena protagonizada por un niño no puedo sentirme más feliz, ya que lo fascinante de la situación siempre me sorprende y me emociona a partes iguales cambiando por minutos mi perspectiva del mundo y dibujando una sonrisa en mi rostro que tarda días en desaparecer.

La última de estas secuencias tuvo lugar hace unos días cuando, entrando en un baño público, sorprendí a una niña pequeña que se asomaba de puntillas a uno de los lavabos de porcelana blanca de aquel baño con cara de angustia y preocupación.

-"¿Estás bien?" - le pregunté curiosa, a lo que la niña asintió y siguió ensimismada apoyada sobre sus manos y contemplando el sumidero de aquel lavabo prefabricado con la misma preocupación en la mirada.

-"¿Seguro?"- volví a preguntarle mientras me acercaba a contemplar curiosa aquel sumidero metálico objeto de su angustia y observación. 


Fue entonces cuando la niña se giró hacia mí y, desvelando su incompleta dentadura por la zona frontal, me dijo mientras el aire se escapaba descontroladamente por el hueco de su diente perdido:

-"Me he asomado a echarme agua porque se me movía un diente y se me ha caído por el desagüe"-

- "Vaya" - respondí sorprendida y preocupada por el tamaño del vacío frontal que destacaba en la dentadura superior de la niña - "Es la primera vez que alguien me dice algo así. ¿Te duele? ¿Estás bien?"- le pregunté. 

Mientras, en mi intento de ser empática, por mi cabeza se cruzaban mil pensamientos sobre el inesperado incidente. ¿Cuánto tardaría en volver a crecer un nuevo diente y la niña tendría aquel hueco tan evidente en la dentadura? ¿Cómo afectaría a sus relaciones sociales con los demás niños esa pérdida dental tal visible? ¿Tendría problemas para pronunciar bien las palabras en ausencia de tan importante pieza en su dentadura?

Fue entonces cuando decidí que debía transmitirle la seguridad y calma que se supone que los adultos saben trasladar a los niños tras los años de experiencia acumulada y le dije:

-"No te preocupes, ya verás como un nuevo diente vuelve a salir pronto y ya no tendrás ese agujero. Además, estás muy guapa de todas formas"

La niña me miró extrañada como si no entendiera ni una palabra de lo que yo estaba diciendo y, con el ceño fruncido, me preguntó:

-"Ya, bueno....lo que de verdad me preocupa es.....¿Crees que el Ratoncito Pérez encontrará mi diente en la tubería?"

Me dejó sin palabras.

Habría esperado cualquier otra preocupación de la niña relativa a la percepción estética, a la dificultad de pronunciación o las posibles consecuencias en sus relaciones sociales con otros niños pero.....¿el Ratoncito Pérez? En aquel instante, no supe reaccionar ágilmente pero para cuando me quise dar cuenta, una sonrisa inesperada se dibujaba en mi cara, sorprendida y tierna, protectora y maternal.

-"Claro!" - le contesté sonriendo- "No te preocupes, todas las tuberías están conectadas y como el Ratoncito Pérez es muy pequeño llega a todos sitios, incluso a las tuberías".

-"¡Menos mal!" - me dijo la niña suspirando, a lo que añadió una sonrisa agradecida y se alejó dando pequeños saltitos con sus bailarinas de color café.


Y se sucedió uno de esos momentos en los que doy gracias porque algún niño me recuerde las cosas importantes que la madura rutina diaria hace que olvide: los pequeños momentos cargados de una poderosa imaginación que provoca que nos olvidemos de las posibles consecuencias negativas de los incidentes e imprevistos y que nos devuelve a un mundo donde la magia es capaz de resolver los más inesperados conflictos.

domingo, 19 de enero de 2014

Pop Up stores: una alternativa creativa para la comercialización en tiempos de crisis

En estos tiempos difíciles en los que se nos anima a ser emprendedores y se nos alienta al autoempleo  eliminando la necesidad de contratación fija y fomentando la cotización a la Seguridad Social Pública, es casi imposible, sin embargo, poder montar un negocio. De hecho, la falta de ayudas y financiación y la casi inexistente prestación de orientación e información son trabas iniciales que, una vez resueltas por medios propios y no sin una meritoria imaginación y determinación, terminan enfrentándose con otra realidad difícil de digerir y casi imposible de superar: los gastos fijos que conlleva un negocio.

Y es que partiendo de cuotas de alquiler de bajos comerciales casi prohibitivas y gastos asociados a los servicios básicos y necesarios para la puesta en marcha de un negocio (teléfono, ADSL, datáfono, agua, electricidad, limpieza de escaparate, etc), hay que sumar los correspondientes impuestos y las pertinentes contribuciones mensuales al sistema de salud pública. Total, que haciendo números, cábalas y malabarismos uno/a puede sentirse bien orgulloso si consigue pagar cada mes la sangría de gastos que, implacables, te acompañan cada mes. Si encima consigues sacar un sueldo casi decente te sientes feliz, aunque no llegue al salario mínimo interprofesional, ya que el sistema se ha encargado de que desarrollemos un importante "Síndrome de Estocolmo" versión empresarial y nos conformemos felices con un: "al menos estoy trabajando".

En fin, que con la dificultad de mantener un negocio durante todo el año "como Dios manda" y con el inconveniente que conlleva que comercialices un producto estacional, últimamente ha proliferado una versión oportunista de las llamadas "Pop Up store" o tiendas palomita.


Este modelo de negocio -también llamado "Temporary Store" o "Comercialización Flash"- se caracteriza por su naturaleza efímera y su carácter ocasional y oportunista, en el mejor de los sentidos. Se trata de un tipo de negocio que se especializa en un producto estacional y que, por tanto, sólo permanece abierto el tiempo (tal vez dos meses) que dura la comercialización del producto escogido. Por ello, los espacios de este negocio efímero suelen estar tratados con una desbordante imaginación y orientados a un público target muy concreto.

Un mes antes de Navidad me alegró encontrar en mi cálida y desgastada ciudad varios negocios locales que habían abierto volviendo a dar vida a algunos bajos comerciales muy céntricos que la actual situación económica había empujado al cierre y al abandono. Paseaba por la Gran Vía, por ejemplo, y me entristecía ver la cantidad de locales vacíos con el temido y longevo "Se alquila" en sus desnudos paños acristalados. En esos momentos, al pasar junto a ellos, me lamentaba de que no existieran políticas locales o estatales que ayudaran a dar vida a los locales de las calles principales de las ciudades -sin duda más caros- y facilitaran su acceso a nuevos inquilinos comerciales. Por esta razón, el volver a ver abiertos estos locales me llenó de alegría. De hecho, y para mi satisfacción, se trataba de tiendas de juguetes que se llenaban de curiosos niños y adultos ante la inminente llegada de la Navidad. Parecía como si esta época jubilosa y familiar hubiera contagiado con su alegría el sentir ciudadano y mejorado la economía.

"Las cosas están cambiando" -me repetía-. No había duda.



Sin embargo, hace un par de días, volviendo a caminar por el centro de mi ciudad me tropecé con una fría y desoladora realidad: los mismos carteles de "Se alquila" que hace unos meses adornaban los desabrigados cristales de los escaparates y que habían sido eliminados ante la alegría y la fuerza de los juguetes, volvían a estar presentes en los cristales vacíos de las fachadas de las mismas tiendas. En el interior, tan solo un local vacío, desprovisto de objetos, de gente, de vida.


La visión idilica de la Navidad había traído de su mano la efímera realidad optimista de la recuperación económica y había dado paso a la consolidación de un nuevo modelo de negocio: las Pop Up Stores, es decir, los negocios caducos, temporales a modo de instalaciones artísticas o escenas teatrales donde la vida parece durar lo que dura una visión artística o la escenificación de una obra literaria, tal vez un sueño.

Por ello, cuando ahora paso por los escaparates de estas tiendas ya no siento tristeza alguna, he comprendido que la realidad ha cambiado y por tanto, también los modelos de negocio eficaces, posibles. Ahora, al pasar junto a los paños acristalados que muestran espacios interiores vacíos tan sólo espero la llegada de una nueva realidad efímera, de una nueva tienda que aparezca y desaparezca de acuerdo con las necesidades de los productos que demande la próxima y esperada primavera.