Sucedió hace unos días. Me dirigí a una oficina de una Caja de Ahorros para preguntar por las condiciones de la apertura de una nueva cuenta. El director de la oficina era un hombre de mediana edad, camisa de rayas coloreadas, pantalón de color beige y gafas gruesas colgando de un cuello que revelaba tímidamente su posición insertado en aquella camisa rayada. Tras sugerir amablemente que me sentara, pasó a detallarme las innumerables ventajas de pasar a ser cliente de su entidad. Es increíble la cantidad de ventajas que puede darle la asignación de veinte dígitos a una chica rusa como yo (descuentos en tiendas, cobertura en seguros por robo, pérdida, etc).
El tono eufórico de la conversación cambió cuando le pedí amablemente al director de la entidad que me enumerara aquella parte oculta y desconocida que no suele verbalizarse en voz alta, cuando una persona decide abrirse una cuenta: la lista de comisiones. El gesto de aquel hombre de camisa a rayas cambió súbitamente y con semblante serio, trató de justificar los motivos que sostenían la insufrible lista de comisiones que detallaría después, que incluían comisiones por mantenimiento de cuenta, comisiones por transferencias, comisiones por pago de recibos, comisiones por mantenimiento de tarjeta de débito/crédito, comisiones por cancelación, etc. El director de la oficina empezó su argumento justificativo con tono serio y decidido:
"Mucha gente no entiende por qué las Cajas de Ahorros y Bancos cobramos comisiones pero yo siempre les digo lo mismo: es como si compraran 1 kilo de naranjas. Todo mundo sabe que en el precio se incluye las comisiones de la producción, el transporte, los intermediarios, el porcentaje del vendedor, etc. Aquí con las cuentas de ahorros/corrientes ocurre lo mismo, sólo que como la gente no se lleva las naranjas físicamente, no es capaz de verlo igual de claro. Como en todas las transacciones hay comisiones por el trabajo realizado por la gente que trabaja en los Bancos, la que tramita el pago de recibos, etc, sólo que aquí no van incluidas en el precio final y las desglosamos en varios conceptos."
Al escuchar sus palabras me quedé perpleja y sólo acerté a recordarle que según había leído en el periódico unos días antes, los bancos españoles eran los que más comisiones cobraban de toda Europa y que era Bruselas, la que iba a tomar cartas en este asunto de "las naranjas". Además me aventuré a recordarle que no podemos justificar sus desproporcionadas e indiscriminadas comisiones por tomar decisiones sobre nuestro propio dinero (transferencias, reintegros, etc). Si ellos obtienen inmensos beneficios, es gracias al dinero que cada cliente deposita en su entidad, dinero con el que los Bancos y Cajas de Ahorros comercian en bolsa en los mercados internacionales, obteniendo desmesuradas ganancias y del que, si somos afortunados, recibimos un miserable porcentaje en calidad de financiadores no reconocidos y bajo la denominación de "intereses generados por la cuenta", a razón de una cantidad equivalente a varios euros. Creo que con esto, el trabajo de los bancos por tramitar el pago de nuestros recibos, etc está más que remunerado (millones de euros de ganancias) sin necesidad de encima, cobrarnos comisiones. A fin de cuentas, ¿qué sería de los bancos si no depositáramos dinero en ellos?
Tras espetarle amablemente estas palabras, decidí levantarme de aquella silla acolchada y abandonar algo indignada aquella entidad bancaria. Quizá a partir de ahora, cada vez que compre naranjas, me acordaré de las artimañas que se usan para justificar determinados despropósitos y que las propias entidades bancarias inconscientemente relacionan con la acidez de determinados cítricos.


