...Jamás conoció su verdadero origen. Nunca llegó a recordar el momento en el que nació. Simplemente un día, empezó a experimentar sensaciones y a tener recuerdos, y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba vivo. Eso siempre le bastó para ser feliz entre los altos seres de piedra que lo rodeaban.
Todos pensaban que bajo su piel de arterias metálicas coloreadas, latía un corazón mecánico que se agitaba gracias a un impulso eléctrico. Todos estaban equivocados. Jamás nadie intuyó la verdad: El verdadero corazón de este gigante metálico albergaba el hogar de las Artes. Desde él, pintura, escultura, fotografía y poesía nacían con cada latido y se colaban a través de su piel de tubos coloreados para salir a visitar la Ciudad de la luz…

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