martes, 28 de diciembre de 2010

Coexistencia viaria

Hola a todos y bienvenidos a mi blog. Poco importa mi nombre y procedencia, digamos que soy una chica rusa que habita en este país de contradicciones, situado entre el cálido Mare nostrum y el inmenso océano azul que separa la políglota Europa de la bipolar América. 
En un principio dudaba de la manera más idónea de comenzar este blog (qué tema sería el más acertado, qué entrada sería la más adecuada...)  pero ya que este espacio tiene la intención de ser una especie de cuaderno de bitácora personal, he decidido que debía comenzar con la primera imagen curiosa con la que me hubiera encontrado en el día de hoy. No es la primera vez sin embargo, que mis retinas tropiezan con esta imagen de una torre de electricidad situada en mitad de una vía de tráfico rodado. Siempre me ha parecido una imagen bastante curiosa. La primera vez que vi esta esbelta torre de electricidad, no pude evitar esbozar una sonrisa al observar cómo un coche la esquivaba de forma segura y experta. El vehículo estaba habituado a sortear ese gigante metálico de arterias de cobre electrificado. Al observar esto, empecé a preguntarme el orden de los acontecimientos que habían dado lugar a la ubicación de esta torre de electricidad en medio de una lengua de asfalto. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Se asfaltaría primero la carretera para posteriormente pinchar sobre ella la torre eléctrica o por el contrario, el trazado de la calle habría sido posterior a la colocación allí de la torre? ¿Se trataría de un error de cálculo de algún programa informático utilizado para el diseño y trazado de infraestructuras?¿Representa este lugar la disputa no finalizada entre un ingeniero de obras públicas y un ingeniero industrial eléctrico? A veces poco importan las razones que produjeron algunos hechos puesto que el tiempo se encarga intencionadamente de ocultarlas. En ocasiones tan solo cuentan los hechos y los motivos se olvidan. No importa qué fue antes, si el huevo o la gallina, si la torre o la carretera. Este rincón en la dehesa demuestra que la convivencia entre especies es definitivamente algo posible.